Eliminar abogados no mejora la justicia: solo la deja sin defensa
(⏱Tiempo estimado de lectura: 4 minutos)
Hablar hoy de la función de los abogados exige algo más que una defensa corporativa del gremio. Requiere, sobre todo, honestidad intelectual. La abogacía cumple un papel estructural en cualquier Estado de Derecho, pero también arrastra vicios que no pueden seguir minimizándose. Ambas cosas son ciertas al mismo tiempo.
¿Por qué los abogados siguen siendo necesarios?
En sociedades complejas, el derecho no es un lujo técnico, es un lenguaje de poder. Normas, procedimientos, plazos, cargas probatorias y consecuencias jurídicas no se activan solos ni se comprenden de manera intuitiva. El abogado existe para traducir, ordenar y defender derechos dentro de ese sistema.
Sin defensa técnica, el acceso a la justicia se vuelve formalmente abierto pero materialmente inaccesible.
La desigualdad entre quien conoce las reglas y quien no, se profundiza.
La autoridad —administrativa o judicial— opera sin contrapeso real.
El abogado no sustituye al ciudadano; lo protege frente a un sistema que, sin intermediación, suele ser hostil para el no iniciado.
La crítica válida: formación deficiente y malas prácticas
Reconocer la necesidad de la función no implica negar los problemas internos del gremio. Algunos son graves y estructurales:
Bajo nivel educativo en ciertos sectores
La masificación de la enseñanza jurídica ha generado profesionistas con escasa formación técnica, pobre comprensión constitucional y una preocupante debilidad argumentativa. Esto no es elitismo: es un dato observable en escritos, audiencias y litigios mal planteados.
Abusos contra clientes
Promesas irreales, cobros desproporcionados, expedientes abandonados y uso del miedo como herramienta de retención del cliente han erosionado la confianza social en la abogacía.
Litigio irresponsable
Demandas temerarias, recursos innecesarios y estrategias dilatorias saturan tribunales y afectan directamente a la calidad de la justicia. Aquí la culpa no es del sistema, sino del uso que algunos hacen de él.
Dependencia excesiva del formalismo
Hay abogados que litigan como si el derecho fuera un ritual vacío, olvidando que su finalidad última es la tutela efectiva de derechos, no la reproducción mecánica de formatos.
Estas fallas no deslegitiman la función, pero sí exigen una depuración ética y profesional.
El falso dilema: abogados vs. justicia
Plantear que la justicia puede prescindir de los abogados suele partir de una confusión peligrosa: se confunde el mal ejercicio con la inutilidad de la función. Si el problema fuera la existencia del abogado, bastaría eliminarlo para que el sistema funcionara mejor. La experiencia demuestra lo contrario.
Donde no hay defensa técnica sólida:
Aumentan los errores judiciales.
Se normalizan los abusos de autoridad.
El poder decide sin contradicción real.
La solución no es menos abogacía, sino mejor abogacía.
Autocrítica necesaria y responsabilidad institucional
La defensa del papel del abogado debe ir acompañada de compromisos claros:
Exigir estándares reales de formación y actualización.
Sancionar disciplinariamente a quien abuse del cliente o del proceso.
Revalorizar la ética profesional como eje del ejercicio, no como adorno retórico.
Aceptar que no todo título habilita moral ni técnicamente para litigar.
El abogado no es indispensable por sí mismo; lo es cuando cumple su función con competencia, independencia y responsabilidad.
Conclusión
La abogacía no necesita ser idealizada, pero tampoco caricaturizada. Es una función necesaria, imperfecta y perfectible. Negarla desde la simplificación o desde la experiencia con malos profesionistas es tan riesgoso como defenderla acríticamente.
Si se quiere una justicia real, accesible y equilibrada, el camino no pasa por prescindir de los abogados, sino por exigir que quienes ejercen la profesión estén a la altura del poder que administran: el poder de intervenir en la vida, el patrimonio y la libertad de los demás.
¿Eres trabajador que enfrenta acoso laboral o empresa que busca implementar políticas de prevención? Contáctanos contacto@legalcoach.mx para recibir asesoría especializada en derecho laboral mexicano.